Palacio Rioja y Museo de Artes Decorativas.

|

El Palacio Rioja, cuyo nombre lo toma del acaudalado español que lo mandó a construir a comienzos del 1900, es una de las construcciones más bellas que se encuentran en el país. 
Copiando el estilo francés de mediados del siglo XVIII, y luego de haber sido deteriorado por sendos terremotos, fue reparado y finalmente abierto al público el 2016 con bellísimas muestras culturales y salas que exhiben el mobiliario original de este hermoso palacio.
Ubicado en el centro de la ciudad, entre las calles 3 Norte y 4 Norte, es uno de los lugares más visitados por los turistas, tanto nacionales como extranjeros, porque el lugar, las muestras culturales y el entorno del palacio lo hacen muy atractivo. La entrada es, además, gratuita.

Vista de la fachada principal del Palacio Rioja.

Letrero informativo.

Uno de los hermosos jardines que rodean al Palacio Rioja.

El suntuoso mobiliario de uno de los salones del Palacio Rioja.

Letrero de ingreso al Museo de Artes Decorativas, ubicado en el mismo Palacio Rioja.

Sección de un colmillo de marfil bellamente esculpido.

Vista de una de la muestras culturales. En este caso de muñecas a través del tiempo.



El Valparaíso Sporting Club de Viña del Mar.

|

Construido en el siglo XIX y mantenido por las acomodadas familias de la zona, el Valparaíso Sporting Club de Viña del Mar fue, durante décadas, lugar de reunión de la élite económica anglo-chilena de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Su edificio principal, con una arquitectura Neo Tudor, es una pieza única en nuestro país, muy armoniosa y bella por su simetría.
La aparente democratización de la industria de las carreras de caballos, con su expresión máxima en el Derby de Viña, permite la reunión familiar y el solaz en este lugar bien mantenido y que invita a la reflexión.
Caminando por las agradables calles del centro de Viña, llegamos hasta la Avenida Los Castaños, lugar donde se encuentra este lindo lugar. Lo visitamos en un día laboral, no de carreras, cerca del mediodía. Nos permitieron entrar sin problemas (y sin pagar), fotografiar el lugar y sentarnos en las graderías a contemplar el entrenamiento de algunos hermosos caballos. Los guardias fueron muy amables y luego de permanecer un par de horas, seguimos disfrutando los lugares turísticos de la ciudad.
Puerta de ingreso al Valparaiso Sporting Club de Viña del Mar.

Vista de la cuidada pista de carrera.

Un jinete manteniendo en forma al hermoso caballo de carrera.

Letrero gigante, en las afueras del hipódromo, anunciando las próximas carreras.

El bello edificio principal, mantenido en excelentes condiciones.

La costanera de Viña del Mar.

|

Como muchas ciudades costeras, Viña cuenta con un paseo que bordea su costa y que es muy agradable de recorrer en un día soleado, cuando, después del mediodía, la tibia brisa marina invita a caminar entre hermosos castillos, pequeñas playas e innumerables restaurantes, ferias y lugares de esparcimiento.
Se puede recorrer la costanera comenzando en Caleta Abarca, ubicada frente al reloj de flores. Desde ahí puede hacerlo en dirección norte hasta que su estado físico lo permita, aunque tendrá muchos lugares donde sentarse a descansar y disfrutar los concurridos lugares del sector.

Costanera de Viña, a la derecha, junto al mar, el Hotel Sheraton de Viña.

Otra vista de la costanera. En el primer plano, gente reunida observando la filmación de un programa de TV.
Desde Caleta Abarca, junto al Hotel Sheraton de Viña, puede seguir el recorrido pasando frente al Palacio Ross, una hermosa construcción que reconocerá puesto que allí funciona el Club Unión Árabe. Muy cerca, y junto al mar, el Castillo Wulff, que tiene un mirador siempre lleno de gente, permite apreciar todo el conjunto costero. 
Palacio Ross, lugar de funcionamiento del Club Unión Árabe.

El Castillo Wulff, ya detallado, visto desde el cerro Castillo.

Continuando el paseo hacia el norte, se llega a la Avenida Perú, lugar donde desemboca el estero Marga-Marga y donde se encuentra el Casino de juegos de Viña del Mar. Si continúa por el paseo costero, llegará a otro de los íconos de la ciudad: el muelle Vergara, reparado para permitir que quienes gusten de la pesca puedan hacerlo allí. 
En primer plano, un restaurante con forma de barco, a orillas del mar. Al fondo, el Casino de juegos de Viña.

Muelle Vergara, al norte del Casino, permite la pesca y, por cierto, tiene una playa bien mantenida.
Si aún tiene fuerzas para caminar, puede continuar al norte y finalizar en el Museo de los Cañones de la Armada, un lugar más despejado y con una playa de finas arenas. Si ya está cansado, es un panorama que puede realizar más adelante y del cual no se arrepentirá.






Castillo Wulff

|

A comienzos del siglo XX, un millonario alemán, comerciante en salitre, carbón y transporte marítimo, inauguraba un suntuoso castillo a orillas del mar. La fortuna quiso que, 60 años después, unos pocos visionarios lo rescataran de ser demolido y pasara, finalmente, a ser considerado Monumento Nacional, para el deleite de quienes tenemos la fortuna de visitarlo en la actualidad.
El ingreso es gratuito y actualmente funciona en dicha construcción una oficina del municipio local.


Vistas exteriores del castillo Wulff.

La ventana que permite ver la costanera de Viña del Mar.

Placa informativa

Los vidrios que instalara Wulff, en el piso, para poder ver el incesante movimiento de las olas.

El piano, muy bien conservado.

Palacio Presidencial de Cerro Castillo.

|

A pocos pasos del reloj, subiendo por un costado el Cerro Castillo, nos dirigimos hacia el palacio presidencial.
Ubicado en un tranquilo y exclusivo sector de Viña, al Palacio Presidencial se llega caminando desde el reloj de flores en no más de 10 minutos. Sin embargo, no espere ver mucho: a lo único que podrá tomarle fotos es al portal de ingreso, debidamente custodiado por personal de Carabineros y, con una buena cámara, al frontis de la casona presidencial, que se ubica a casi 100 metros de la entrada.
Sin embargo, el paseo bien vale la pena, es agradable y silencioso. Un verdadero oasis a sólo dos cuadras de la bulliciosa costanera.

Caseta de los Guardias. Al fondo, el Palacio P.residencial.

Vista parcial del Palacio Presidencial de Cerro Castillo.

Placa informativa.

Pasaje de acceso al Palacio Presidencial.


El reloj de flores.

|

Viña del Mar está en la memoria colectiva chilena como la ciudad turística por excelencia. No tiene la Plaza de Armas más hermosa, ni las mejores playas, ni los mejores lugares turísticos del país, pero ahí está, sigue siendo el destino preferido de los nacionales y de la mayoría de los extranjeros. La mejor forma de saber por qué es tan encantadora es recorriendo sus distintos sectores.
Comenzamos con el ícono de la ciudad: el reloj.  Muy bien mantenido, es la postal y foto obligada de la ciudad jardín. Visitada por cientos de turistas, el ideal es ir en un día soleado, alrededor de las 16 horas, cuando el sol ilumina de lleno el reloj y resalta los colores de sus flores. Ubicado en el límite de la conurbación Viña-Valparaíso, se puede, luego de visitarlo, recorrer a pie otros interesantes lugares, el palacio presidencial de Cerro Castillo y la bella costanera.

El reloj de Viña del Mar, ubicado en los pies del cerro Castillo.

Hermoso arreglo floral, frente al reloj.

El mundo, en el centro del arreglo floral, frente al reloj de Viña.

|

Cuando los españoles llegaron a la zona, se dividieron una enorme extensión de tierra, la que separaron por el estero de Marga-Marga. Al norte del estero, una enorme plantación de uvas, de nombre Viña de la Mar, dio nacimiento a lo que, dos siglos más tarde sería conocida como la ciudad de Viña del Mar.

Vista de un sector de Viña del Mar.

|

Dejamos la Tercera región de Atacama y nos dirigimos a la Quinta Región, para conocer los encantadores lugares de Viña del Mar, Valparaíso y sus entornos.

La primera locomotora que circuló en Chile.

|

Si usted ha visitado Caldera, en la costa a unos 75 kilómetros de Copiapó, habrá visto una réplica de la primera locomota que circuló en nuestro país. Ahora, si desea conocer la original, esa que lo emocionará por toda la historia que conlleva, entonces debe dirigirse a la Universidad de Atacama, en Copiapó, y visitar esta maravilla.
Su actual ubicación privilegiada, en el interior del campus de la Universidad, la ha conservado en perfecto estado y libre del vandalismo que se observa en las reliquias que están en los paseos públicos. No existen trabas para ingresar a conocer esta maravilla, una de las pocas de las que podemos sentirnos orgullosos como chilenos. Es una visita imperdible, sin duda.





Vistas de la primera locomotora que circulara en Chile y del campus que la alberga en la Universidad de Atacama, Copiapó.

Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria

|

Recorriendo las soleadas calles de Copiapó, en la Avenida Los Carrera, nos encontramos con una sencilla pero interesante Parroquia.
En 1780, un hombre encontró una pequeña imagen, de sólo 15 centímetros, de la Virgen con su hijo en brazos. Y el 2  de febrero, día en que la iglesia bendice las candelas (velas) en honor a Jesús, fue presentada en la iglesia y, de esa festividad, tomó el nombre actual: Virgen de la Candelaria.
Patrona por excelencia de los mineros, cada año, miles de personas bailan y la veneran en la explanada circundante.
La actual iglesia es muy sencilla y, para ser honestos, bastante dejada a la mano de la naturaleza. Bastaría un poco de esfuerzo económico para convertirla en un lindo y agradable paseo turístico.




Vistas de la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, Copiapó.


Monumento a Juan Godoy, quien descubriera el mineral de Chañarcillo.

|

A pocos pasos de la parroquia San Francisco, encontramos a Juan Godoy.
Deteriorado por vándalos locales, este monumento parece simbolizar, de varias maneras, lo que ha sufrido el hombre chileno no importando si vive en Arica o Punta Arenas. Ubicado frente a la Parroquia, como buscando la mano salvadora que nunca tuvo en vida, el monumento a Juan Godoy, el simple hombre que descubriera el mineral de plata de Chañarcillo, ha vivido las mismas peripecias que su modelo de carne y hueso: le han robado las placas conmemorativas, ha sido cambiado de lugar varias veces, ha sido maltratado, rayado y golpeado y, finalmente, también parece haber sido olvidado por el municipio si se ha de juzgar el estado en el que se encuentra.
Es por eso que hay que visitarlo, porque Juan Godoy nos hace recordar que la mayoría somos como él: hacemos ricos a unos pocos para, finalmente, morir pobres y olvidados.



Monumento a Juan Godoy

Parroquia San Francisco

|

Como el clima es tan agradable, recorremos a pie la ciudad y estamos ahora frente a la Parroquia San Francisco, ubicada en la Avenida Juan Godoy.
Reconstruida un par de veces, ya que la original fue destruida por sendos terremotos, esta parroquia tiene cosas agradables: su excelente mantención, su limpieza y buena iluminación llenan el espíritu de optimismo.
En lo arquitectónico es una mezcla bastante heterogénea, lo que se perdona puesto que cumple su función original, es agradable a la vista y no somos tan expertos en arquitectura viviendo, además, en un país en que el terremoto puede desanimar al más optimista de los constructores.
En resumen, vale la pena visitarla porque es una linda parroquia y se ubica en pleno centro de la ciudad, desde donde podemos seguir visitando sus lugares turísticos.



Vista exterior e interior de la Parroquia San Francisco, Copiapó.


La Catedral de Copiapó.

|

Dejamos el interesante Museo Regional y nos dirigimos hacia la Plaza de Armas de Copiapó, para visitar su Catedral.
Si hemos de ser sinceros con los sentimientos, hay que partir diciendo que el nombre de Catedral le queda grande. Ubicada frente a la plaza principal de la ciudad, esta construcción se pierde, literalmente, en un bosque de árboles, cables y automóviles que no permiten apreciarla libremente.
De construcción neoclásica inglesa, su fachada se oscurece por la forma del diseño. Y si a esto agregamos que no pudimos visitarla por estar cerrada, la decepción se acentúa.
Pero siendo prácticos: si algún brillante arquitecto logra, de alguna forma, despejar su frontis de tanto árbol y cablería, si se pinta de un color que permita darle fuerza a la construcción y si se cambia la fachada, podremos, entonces, disfrutar de una verdadera Catedral.



Tres vistas de la Catedral de Copiapó.