En el teatro municipal de Pisagua.

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Durante su máximo esplendor de bonanza salitrera, en Pisagua se construyó un teatro que, para la época, constituyó un centro social muy particular. Prueba de ello son los maniquíes, vestidos a la usanza de la época, que indican la estricta separación de clases que se establecía en todo tipo de actividades.


Fachada del teatro municipal de Pisagua.

Maniquíes en el interior del teatro.

La representación de las artes, en el cielo del teatro,
es el único sector que aún se conserva sin deterioros.


Pisagua, el pueblo del dolor y el miedo.

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Durante el siglo XX, y aprovechando su lejanía geográfica y lo difícil que resultaría para alguien tratar de huir del lugar, Pisagua fue utilizado por los gobiernos autoritarios de Ibáñez, González y Pinochet como campo de concentración, detención y tortura de homosexuales, comunistas y disidentes políticos respectivamente.
Recorremos, junto al guía, los cementerios y restos de las construcciones que albergaran a compatriotas que sufrieran las bajezas de sus propios connacionales...No puedo sacar fotografías. Me parece una falta de respeto y me alejo para llorar, como la mayoría de los que recorremos el lugar...Lloramos por saber que aquellos hombres, como nosotros, sintieron el rumor del mar y vieron los mismos colores del desierto que admiramos nosotros. No hay más que decir...


La antigua estación del ferrocarril. Frente a ella, ruinas
de lo que fuese un centro de detención
durante la dictadura militar de Pinochet.

La cárcel más horrorosa que haya tenido Chile en su historia.


Pisagua y la historia de un siglo y medio.

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Pisagua, que durante el siglo XIX perteneciera a Perú, vivió su máximo esplendor en la época dorada del salitre nortino. Se convirtió así en un puerto de tanta importancia, que durante la llamada guerra del Pacífico fue un objetivo estratégico tal que motivó su toma militar por parte de las tropas chilenas. El fiero combate aún es recordado y un monolito recuerda a los soldados caídos en combate. Pisagua pasaría, desde entonces, a formar parte del territorio chileno.

Monolito que recuerda el desembarco y toma de Pisagua.


Visitando pisagua, o cuando el corazón se sobrecoge.

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Pisagua es una pequeña caleta de pescadores ubicada a tres horas de Iquique. Debido a que no existe un camino costero que permita llegar directamente al poblado, la ruta debe hacerse, inevitablemente, por el interior   desértico para luego "bajar" nuevamente a la costa por un camino serpenteante y en mal estado.
¿Por qué conocer Pisagua, un villorio abandonado, pobre y triste? Pues, porque Pisagua es una pequeña gran fotografía histórica de nuestro país: grandeza y miseria, gloria y bajeza se han conjugado en apenas cinco kilómetros costeros que recorremos con el corazón apretado.




Una visita la Museo Municipal de Iquique.

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El Museo Regional, ubicado en el paseo Baquedano, ocupa las antiguas dependencias de lo que fuese una casa de la familia Astoreca. No es un museo muy grande, pero son interesantes sus colecciones de la época salitrera y de las antiguas culturas que habitaron la zona en la era precolombina. Debido a que está prohibido tomar fotografías en el interior del recinto, las dos inferiores fueron las únicas posibles de obtener, por cierto que sin flash y con la autorización respectiva.

Pintoresco carrito de madera, movido por baterías,
en el cual se puede recorrer el Paseo Baquedano.
A la derecha, el frontis del Museo Regional.



Réplicas en tamaño natural de una vivienda y utensilios
utilizados por las antiguas culturas indígenas.


Antiguas y nostálgicas reliquias del pasado salitrero. 

Visitando el palacio astoreca.

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Constituida en una verdadera joya arquitectónica, la enorme casona de estilo georgiano y construida enteramente de pino oregón, perteneció a la familia Astoreca, dueña, a la sazón, de cuatro riquísimas oficinas salitreras. Terminada en 1904, fue posteriormente vendida al gobierno chileno y pertenece en la actualidad a la Universidad Arturo Prat. Es posible visitar sus principales dependencias y admirar el bello mobiliario que aún conserva.


Foto no original del autor del blog. Tomada de Wikipedia (uso libre).




Hermoso detalle de la columna del mobiliario
de la fotografía anterior.


Centro histórico de iquique, continuamos...

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La agradable temperatura, que durante todo el año se tiene en Iquique, permite recorrer sus calles a toda hora y en cualquier época. Hermosos detalles adornan los frontis de las antiguas casonas.





Hermosa casona, restaurada y utilizada como centro comercial,
un excelente ejemplo de iniciativa privada en restauración patrimonial. 

Continuamos el paseo por el centro histórico.

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Además de las hermosas casonas, construidas totalmente de pino oregón, destacan dos lugares que todo turista debiera visitar: el palacio Astoreca y el Museo Regional.





El paseo Baquedano en el centro histórico de Iquique.

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El llamado centro histórico de Iquique es un paseo peatonal que alberga antiguas casas, de estilo georgiano, construidas principalmente entre los años 1820 y 1920, época del mayor esplendor salitrero de la zona.



Un paseo por el centro de Iquique.

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Plaza de Armas Arturo Prat
El nombre de la ciudad, no se sabe si es de origen quechua o aymara, significa 'lugar de descanso'. Y para quienes deseen efectivamente descansar, la ciudad posee las comodidades y el clima ideal para unas agradables vacaciones. El centro, inteligentemente transformado en paseo peatonal, invita a recorrerlo con calma y disfrutando la colorida arquitectura, signo de un pasado de riquezas ya inexistente. Comenzamos el recorrido desde su bella y acogedora Plaza de Armas.

Torre del Reloj, inaugurada en 1877.

En Iquique, la "tierra de campeones".

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Volvemos a Chile para recorrer una de las ciudades nortinas más especiales del Norte Grande: Iquique. Ciudad histórica por excelencia, de clima desértico, cambió su fisonomía hace una treintena de años con la instalación, por ley, de una Zona Franca, que la transformó - de ser un pequeño poblado - en una ciudad extensa y extraña, mezcla de minería, playas, departamentos, autos y mucha población flotante.

Teatro Municipal, construido en 1889.

Vista interior del hermoso Teatro Municipal de Iquique

Antes de partir: Venecia, sin ti...

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Dejar Venecia es dejar un mundo que no parece ser de la Tierra. Y no porque la ciudad se encuentre, literalmente, en el agua, sino porque tiene una magia que ninguna otra parece tener. Hemos recorrido sus puentes toda una noche sin temor alguno de que nos asalten o roben. Los bares y cafés parecen no cerrar porque hay tanto turista y Venecia es tan cara, que dormir es casi un delito.
Disfrutamos hasta el último minuto, hasta la última vista de la ciudad más romántica del mundo. Venecia, qué voy a  a hacer  sin ti...



En Venecia siempre veremos enormes grúas que, principalmente, trabajan en labores de mantenimiento de los antiguos edificios. No debemos olvidar que algunos datan del 1300.




Basílica de Santa María della Salute, construida por los venecianos luego de que la peste diezmara la población en los años 1630 aproximadamente. En el frontis, abajo a la izquierda, se puede apreciar una escultura de Botero, quien realizaba una exposición exterior en distintos lugares de la ciudad cuando la visitamos.


Los enorme y bellos transbordadores, que realizan el cabotaje y turismo en el mar Mediterráneo, tienen paso obligado en el Adriático, el puerto de Venecia, donde miles de turistas bajan a visitarla.


El Puente de los Suspiros, que históricamente de romántico nada tiene, puesto que se trata del puente que une el Palacio Ducal, lugar donde se realizaban los juicios, y la cárcel de Venecia. Se cuenta que los prisioneros, al cruzar este puente, dejaban escapar un largo suspiro al ver por última vez las calles de agua, sabedores que habían perdido su libertad por largo tiempo.
También nosotros nos vamos de Venecia con un suspiro...de nostalgia.

Visitando la Plaza de San Marcos.

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La Plaza de San Marcos es el destino obligado de todos quien visitan Venecia. Cientos y cientos de turistas recorren cada portal de este lugar único y maravilloso. Si se juntaran todas las cámaras fotográficas que tratan de captar hasta el último detalle de los increíbles edificios que la rodean, no faltaría ninguna marca ni modelo. Todas las razas y lenguas del mundo parecen convivir en este cuadrado histórico y turístico.








La Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal y la enorme campanario de la basílica, son los edificios que dominan la Plaza.
Hay, sin embargo, otros antiquísimos edificios que se pueden recorrer: la torre del reloj, el museo y la biblioteca, por nombrar algunos.